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sábado, 15 de mayo de 2010


viernes, 14 de mayo de 2010

Un Bustelo casi lleno recibió el jueves a los embajadores del peso pesado argentino. Tres horas de show cardíaco y amor.

Dedos -índice, meñique y pulgar- directo a Walter Giardino, agitan la aparición del Talismán Tour en Mendoza. Y el violero más carismático del metal vernáculo devuelve el código con inclinaciones de súbdito.

"¡Olé olé olé Walteeeer!", grita la confraternidad mientras Adrián Barilari, un poco fuera de cuadro, trata de dar la bienvenida protocolar a las 1500 melenas que cabecean debajo. Y en eso se desata un ¡Te amo Guillermo!, devoción que se clava directo en el bajista al que, de pronto, imantan los miles de dedos.

Pero cuando lo hizo -micrófono mediante- Adrián sentó su posición de vocalista fértil y se plató con "El Reino Olvidado" apenas abrió el recital.

Claro que hubo fuegos especiales. Pues Rata sigue en una época de compromiso con las letras y el ideario heavy -aunque muchos opinen que en realidad es puro hard rock- tras 25 años de adrenalina.

Y si desde los '90 expresan en algún punto el auge de la épica y la euforia por la ejercitación de los cuerpos herméticos, uno de los grupos que mejor capturó ese clima popular es éste. Es cierto, no han perdido mucho de esa energía casi al borde de lo cursi que arrastran las líricas.

Y no hay perdido el gancho del mega show de metal: tres horas de show exhaustivo, tremenda iluminación que -convengamos- insistía sobre la figura heroica de Giardino cada vez que se despachaba un riff.

Lo cierto es que en todo momento, Rata todavía concilia -en temas como "Ángel" o el hitazo "Mujer Amante"- un gusto estético con temple aparte. O, a su manera, mística: el sello del Talismán detrás del escenario, como una gigantesca runa latina y la batería escultural pudiéndose el tempo de "Sólo para amarte".

Claro: el tracklist sumaba 20 temas, con ubicaciones claves para "El guerrero" o "Leyenda".
Su fortaleza: un nene de 7 años poseído por la guitarra etérea de Walter, mientras una chica emotematizaba cual fana.

"El rock es bastante careta", desliza en voz alta un amigo del metal; ahí tenemos a varios rulos deslizando lo mismo, en complicidad con Guillermo. Lo cual no está mal. Al menos, cuando la idea sintoniza con un espectáculo visualmente impecable que va con la nueva cosmovisión de Giardino: "volver a la adolescencia".

Y una muestra de esa despreocupación le da al entrañable vivo de Rata el latido y el músculo de sus principios. Dicción agudísima y largas notas sostenidas por una guitarra extra large para uno de los grupos con más vitalidad del país.

Casi sexy de tanta onda con su público, Rata performateó toda la noche, estiró el micrófono a los fieles y soltó cuerdas endiabladas entre estampas doradas, azules y rojizas. Y, de esta manera, les puso acento a las afirmaciones: sí, se puede ser metalero y llenar un Bustelo. Y encantar a más de tres generaciones con la misma pócima que te hace gozar.

Por Mariana Guzzante

Fuente: www.losandes.com.ar

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