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domingo, 22 de noviembre de 2009


La mítica banda de heavy, se presentó anoche en Panacea. Los temas fueron un enérgico repaso no solo por su discografía, sino también por la de su ascendencia, la banda fundadora del metal argento, V8.

Sin mediar con bandas soporte, ese fragmento del metal argentino llamado Logos, arrancó la noche en Panacea ante una importante cantidad de congregados pocas veces vistos en el recinto, quienes entre cueros, tatuajes, y todo el peso histórico sobre sus espaldas, se acercaron ante la oportunidad de ver rockear a 2 mitológicas figuras tales como Alberto Zamarbide y Miguel Roldán. Y no es para menos; el cerebro lírico de la banda carga consigo un pedazo importante de la piedra angular del heavy de nuestro país. La voz del Beto, ya sin es clásica suciedad sonora de los discos de pasta, sigue estremeciendo a los entendidos. Es aquel que, junto a Ricardo Iorio y Osvaldo Civile, remaron contra todo y contra todos con un V8 que buscaba imponerse entre el hippismo reinante de los años ’80, con aquella banda de la que se desprendieron las más sólidas formaciones metaleras de la actual escena local.

Pero el tiempo pasó y las ideologías de “destrucción” fueron dejadas de lado. Una clara influencia religiosa marcó un camino más tranquilo para la banda, que eligió como nombre un sinónimo griego que referencia la verdad proclamada en las Sagradas Escrituras.

Y es que las letras de Logos, están cargadas de mensajes tales como “la verdad va junto al amor” o “si no entiendes la realidad es porque nadie te enseño a mirar el cielo”, entre los más pacíficos fragmentos. Este “cambio de rumbo” fue la principal causa de la ruptura de V8 ante las discrepancias ideológicas de sus integrantes, plasmadas en hechos de absoluta contraposición con la inefable aura oscura del metal, tales como lecturas de salmos bíblicos en medio de un concierto. Todo esto, con un público expectante que se bifurcaba y sorprendía ante lo insólito. Dichos vaivenes quedaron plasmados literariamente en el libro “V8, la historia” escrito por la fallecida Ana Mourin, representante de la banda y esposa de Ricardo Iorio.

El desprendimiento más moralista de aquella mitológica formación, demostró tener su propia luz, quizá proporcionada por una veta más profesional en el sonido y esperanzadora en su mensaje, y por lo tanto, menos impío que las demás bandas que surgieron de aquel histórico “ceibo” del metal.

Así y todo, distorsión, doble mazo y clichés del rock pesado no faltaron, y la gente se encendió, ante los más de 20 temas que Logos ejecutó en su primer paso por San Luis. Zamarbide y los suyos, demostraron tener el cálculo exacto en cada movimiento, con una variable solamente fundamentada por la experiencia escénica de la banda.

Muchos –me incluyo-, oyentes del metal argento a partir del casete, se acercaron por el simple hecho de presenciar ese pedazo de historia argentina que hoy, en uno de los mejores lugares de San Luis para una digna exposición, revivió al demostrar lo que mejor supieron hacer a lo largo de más de 30 años de rock: rugir como un motor, asentado con el tiempo.

Escrito por Nicolás Varvara

Fuente: www.eldiariodelarepublica.com

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