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domingo, 29 de marzo de 2009


La mítica banda británica de heavy metal se presentó en Liniers en el marco del Quilmes Rock. Dando prioridad a los temas clásicos, el grupo brindo un show para la historia, quizá el mejor de sus presentaciones en el país
La poderosa banda británica de heavy metal Iron Maiden fusionó sus tradicionales acordes con baterías de fuegos artificiales y exactas combinaciones de luces para brindar probablemente el show más espectacular de su historia en la Argentina en la noche del sábado.
La agrupación liderada por Bruce Dickinson y Steve Harris irrumpió en escena minutos pasadas las 21:00 en Vélez, en el marco de la segunda fecha del Quilmes Rock 2009, y durante una hora y 45 minutos de concierto deleitó a las más de 42 mil personas que concurrieron al estadio a rendirle tributo.
En su séptima visita récord al país, y la segunda consecutiva después de su discreta actuación de 2008 en la cancha de Ferro como parte de la gira mundial "Somewhere back in time", Iron Maiden regresó a Buenos Aires para entregar un show mucho mejor producido y más elaborado del que había ofrecido en Caballito.
Si bien el repertorio de temas fue similar, dando prioridad a los viejos clásico del grupo, se notó -también- una mayor comunión entre la gente y los artistas, que demostraron con creces por qué tantos especialistas consideran a la "Doncella de Hierro" como la banda de heavy metal más emblemática de todos los tiempos.
En medio de explosiones de fuegos artificiales, llamaradas de metros de altura surgiendo desde el escenario y efectos de luces al ritmo de la música, Iron Maiden brindó un show que seguramente quedará en el recuerdo de los fanáticos metaleros.
Poco importó a los seguidores de la banda las desprolijidades de la organización, que se enteró sobre la marcha de que este fin de semana no se podía utilizar el estadio de River para el recital -como estaba previsto en un principio- debido al partido de Argentina contra Venezuela, programado allí desde hacía meses.
El show tuvo que mudarse contrarreloj a Vélez, incluso después de que las entradas salieran a la venta, lo que motivó que algunos espectadores perdieran las ubicaciones de privilegio que habían conseguido por haber ido temprano a adquirir sus boletos en sectores de plateas bajas o medias numeradas.
De todos modos, cuando empezaron a retumbar en la noche de Liniers los acordes de las guitarras de Adrian Smith, Janick Gers y Dave Murray para inaugurar el recital con "Aces High", los reproches a los organizadores quedaron de lado y los fanáticos se dedicaron simplemente a disfrutar del espectáculo.
A medida que caía el sol, la masa metalera fue entrando en calor con grupos soporte, especialmente con Sepultura, que se esmeró hasta el agotamiento para ofrecer un show sumamente enérgico, pese a que su música (mezcla de trash y black metal a gran velocidad) dista años luz de la perfección de Iron Maiden.
En la noche del sábado el "as de las alturas" del que hablaba Dickinson en el tema de apertura del recital fue el baterista Nico McBrian, que cumplió una brillante labor y recibió una ovación del público al término del concierto.
También se lucieron el bajista y "dueño" de la banda, Harris, y el guitarrista Murray, mientras que a Dickinson se lo notó falto de voz por momentos. Quizá debería correr menos por el escenario y reservar su aliento y energías únicamente para cantar.
También podría aprender algunas palabras más en castellano que no fueran simplemente "hola", "buenas noches" y "amigos" después de tantas visitas a Sudamérica, aunque veterano y todo como está se las rebuscó para entonar 16 canciones, muchas de ellas convertidas ya en himnos de la mítica banda.
Entre los preferidos de la gente se incluyeron "2 Minutos To Midnight" (Dos minutos para la medianoche), "The Number Of The Beast" (El número de la bestia), "Run To The Hills" (Corre hacia las sierras), "Fear Of The Dark" (Miedo a la oscuridad), "The Phantom Of The Opera" (El fantasma de la ópera) e "Iron Maiden", con una fantástica participación de un Eddie momificado.
La banda sonó impecable a lo largo de todo el recital -nada que ver con lo que había sucedido en su anterior presentación en Vélez, hace cinco años- y antes de despedirse, llevándose consigo el cariño del público, prometió regresar en el 2011, luego del lanzamiento de un nuevo disco de estudio.
Dickinson también aprovechó la ocasión para promocionar una película que el grupo estrenará en todo el mundo el mes próximo, llamada "Flight 666" (Vuelo 666) y que procura reflejar las peripecias de la "más aventurera gira (internacional) de la historia del rock", de acuerdo con sus protagonistas.
"Olé, olé, olé, Iron Maiden es un sentimiento", coreó la gente antes de que la banda deslumbrara con una extraordinaria versión en vivo de "The Rime Of The Ancient Mariner" (Las rimas del viejo marinero) y avanzara con un show que probablemente fue el más impresionante de los siete que brindó en la Argentina, desde aquel primero en julio de 1992 en Ferro hasta la fecha.
Fuente: http://www.eldia.com.ar/

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