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sábado, 9 de enero de 2010


Antes de volver a la Argentina tras la cancelación del show de 2003, el cofundador del grupo detalla los cambios en tres décadas de vida de la banda más grande del heavy metal.

Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis -Lars, James, Kirk y Robert en plan emisarios de la muerte- que miran desde un afiche para promocionar su show en Sacramento, California, el estado natal de Metallica, son la única compañía en la habitación amplia, con estériles sillones de varios cuerpos destinados a estar vacíos. Además de Lars Ulrich, el baterista que lleva en su sangre la tradición vikinga que el resto de la banda parece encarnar físicamente mucho más que él. "Metallica es una bestia que vive y respira", dice. Estamos solos. Afuera, una pequeña ciudad a una hora y media al este de San Francisco, cuya principal atracción turística es el Congreso ahora comandado por Arnold Schwarzenegger, gobernator del estado. Poco más tarde de esa descripción orgánica y vitalista del grupo, Metallica será, efectivamente, esa bestia, el último mega-monstruo del heavy metal, y Lars estará sentado en su banqueta, el lugar desde el que propulsa la energía de esa criatura. Un mes antes de encarar el tour más ambicioso de la banda por América latina, Ulrich se sienta a conversar con RS. Tiene explicaciones para dar. Es que después del corralito, del estallido social en 2001 que desembocó en la huida de De La Rúa a bordo del helicoptero, de la saga de los presidentes y el posterior desembarco de la entonces esperanza K en Casa Rosada, los fanáticos hicieron acopio de la reserva de patacones y agotaron sesenta mil entradas para ser rescatados por su banda preferida en River. Repasemos: agosto, septiembre de 2003. La curva ascendente del plan Lavagna posdevaluación se traducía en pesos al bolsillo, que se traducían en consumo, no fuera cosa que los ahorros fuesen a parar a otro lado. Justo cuando las ansias de satisfacción que la juventud deposita en la música se preparaban para destapar la olla a presión del primer megaconcierto internacional post 1 a 1, casi como una señal de recuperación y de que lo peor ya había pasado y que no estábamos tan lejos y aislados del mundo y que podíamos tener rock del bueno sin deberle nada a Menem y Cavallo; justo en ese momento, se pararon las rotativas y el fatídico comunicado nos explotó en la cara: "Metallica cancela gira sudamericana". La razón: aquel maldito cansancio físico y mental. ¡Horror! Si Metallica está agotado..., ahora, ¿quién podrá defendernos? Por suerte, el público metalero no abolla cacerolas.

La realidad de aquellos días de la banda quedó filmada. Puede vérselo al frontman James Hetfield desaparecer dando un portazo, ofendido, acaso, por una cuestión menor. Se percibe cómo Lars y Kirk, abandonados a su suerte, sin bajista tras la partida de Jason Newsted, el evento desequilibrante que desencadeno la verdadera revolución interna en el grupo -según la propia interpretación que Ulrich confesará-, se miran sin saber cómo reaccionar. Deciden dar batalla y continúan con la terapia de grupo junto con el psicólogo Phil Towle. Mientras, esperan a James, que se internó en un centro de rehabilitación para dominar la ira y el consumo desmedido de alcohol. Y esperan. Y siguen esperando. Recién doce meses después, James Hetfield vuelve a escena. Es otra persona, y pronto Metallica será otra banda.

Son las cinco y media de la tarde en Sacramento, y los integrantes de los grupos soporte, Volbeat y Machine Head, cenan en la sala de catering junto con plomos, técnicos, sonidistas, encargados de seguridad y otros anónimos miembros de la numerosa comitiva que recorre el mundo junto con Metallica. Sirven verduras crudas y cocidas, pescado, puerco. La mesa de dulces incluye frutas, tortas, infusiones varias, helado. Sobre una puerta cerrada, hay un cartel que dice: "SALON PARA ENTREVISTAS 3", justo encima de los horarios de la jornada. Caprichosamente, se supone que Metallica arrancará a las 8.55. De pronto, se abre esa puerta y sale el guitarrista Kirk Hammett, sonriente. Lo sigue, como su sombra, un gigante calvo y tatuado. En esa habitación permanece el bajista Robert Trujillo, muy divertido: acaban de ser entrevistados para la televisión peruana. El 19 de enero, 24 horas antes de aterrizar en Ezeiza, Metallica dará por iniciada la gira sudamericana tocando en Lima por primera vez. Hammett le entra a una tarta de cerezas (cherry pie, amigos) coronada por dos bochas de helado de vainilla. Cierta conmoción y murmullos acompañan la llegada del imponente James Hetfield: dos metros de altura, botas y camisa de cowboy, pelo peinado a la gomina, barba canosa. Con el porte de un vaquero que entra en el saloon, se fuga hacia su camarín. No lo acompaña ningún matón: aquí no parece necesitarlo. Deja una estela y desaparece en el tuning room, un cuarto especialmente acondicionado para que los Metallica entren en calor antes de cada concierto. Entre bromas y zapadas, el grupo estará listo para matar; una suerte de ritual propio.

Lars Ulrich, en cambio, viene retrasado. Aprovechando la corta distancia, se fue a casa, a San Francisco, a pasar la noche con su familia. La autopista está cargada; no va a llegar a las 6.30, hora señalada para el encuentro. Llama por teléfono, desde la ruta, consciente del retraso, y promete cumplir. Ofrecen esperarlo y hacer la entrevista en su camarín personal. Imposible: está pegado al tuning room y el volumen de sus compañeros, ya en acción para el calentamiento, impide cualquier charla. Quizá por la expedición familiar o los desastres del tráfico californiano, o por la inminencia del show, se muestra nervioso. Eléctrico. Además, tiene algunos tics: chasquea la lengua a cada rato, aspira con fuerza por la nariz. A los 45 años, se muestra maduro y suena sincero cuando asegura estar dispuesto a disculparse eternamente ante el público argentino. En ningún momento parece estar cumpliendo con un trámite promocional. Y seguirá hablando y hablando hasta que, por pudor, apenas minutos antes de que se apaguen las luces del estadio y Metallica pise el escenario, le pregunto si no es momento de dar por terminada la entrevista, aunque él insista en seguir adelante si hace falta. Lars Ulrich, el único baterista de rock que lidera una banda, se despide y en pocos segundos ya está zapando junto con James, Kirk y Robert en el cuarto de ajuste: como cada noche, minutos antes de comenzar el show, Lars toma la batuta y arma un set list que hace hincapié en Kill 'Em All, Ride the Lightning, Master of Puppets, And Justice for All, Metallica, Garage Inc. y Death Magnetic. Muy poco de Load/Reload y nada de St. Anger: la bestia está a punto de abandonar la jaula.

El Arco Arena es como el Luna Park, pero enorme. Estamos en la casa de los Sacramento Kings, donde juega al básquet el Chapu Nocioni. Parte del sistema de luces está formado por cuatro ataúdes modelo Death Magnetic que bajan, suben, giran y se inclinan, siguiendo los movimientos de James, Kirk y Robert alrededor de la batería de Ulrich, que rota cada treinta minutos, mirando al Norte, Sur, Este y Oeste, dándole la cara a cada una de las cuatro plateas, respectivamente. Venimos de ver a Kiss, Iron Maiden y AC/DC, quienes repiten las mismas canciones, en el mismo orden, en cada ciudad. En cambio, Metallica lleva tocados unos setenta temas de su repertorio en esta gira.

Es el único grupo de la historia del metal que trepó hasta lo más alto de la cima y se codea con U2, Madonna, AC/DC y los Rolling Stones, en esa primera liga del rock gigante. Es un monstruo visceral, tan humano que casi nunca falla. Casi. Fue justamente en 2003 cuando la bestia perdió el aire: tuvimos el raro privilegio de que nos dejara ver su debilidad; la demostración de que ni siquiera Metallica es invencible.

Orgullo, pasión y gloria, el nombre del DVD en vivo en México, así, en español, es un título bien latinoamericano...

Robert Trujillo lo eligió. Yo no tengo nada que ver. Hay un dicho: "Si te gusta, fue mi elección, si no te gusta, fue la elección de otro". Robert eligió ese título. Es nuestro residente latinoamericano. Intercambiamos mails hace un par de meses, en los que todos hicimos sugerencias. Esa fue la de Bob, y nos pareció bastante bien...

En América latina, donde muchos de sus fans viven una vida difícil, Metallica es como una salvación. En ese sentido, creo que se van a sentir identificados con el título.

Muchas veces, en las cosas que uno hace, uno intenta encontrar significados profundos y, al final del día, es grandioso que la gente encuentre significados profundos en esto. Me gustaría poder contarte que cuando uno se sienta a armar algo como una edición de un DVD, existen pensamientos profundos, pero pienso que a veces el impulso también es parte del rock & roll y que las cosas apenas suceden en el momento. El arte de tapa más oscuro y mítico de Led Zeppelin..., quizá para la banda no haya tanto significado detrás como para el que escucha. De ninguna manera estoy tratando de minimizarlo, entiendo lo que decís y lo respeto. Al haber estado tantas veces en América latina, lo sabemos, pero sucede lo mismo en otros lugares del mundo. Sabemos cuál es el rol de Metallica al ayudar a la gente en sus vidas, de la misma forma que Metallica nos ayuda a nosotros en nuestras vidas. Pero pienso que parte de lo mejor de Metallica son aquellas cosas que no meditamos demasiado, porque dejamos que los oyentes, los fans, transformen eso en lo que necesitan que sea. Nos pasa a todos los que somos fans de algo: el arte que yo disfruto, quiero hacerlo mío. Yo veo cosas muy abstractas, pero espero que la gente haga de Metallica lo que quieran que sea.

Justamente. Esto no tiene que ver con críticas por cortarse el pelo o grabar discos como Load y Reload... Teniendo en cuenta lo que Metallica significa para la gente en Argentina, lo que para ellos representa, es que se sintieron como traicionados cuando cancelaron aquel show hace seis años, por "agotamiento físico y mental".

Lo entiendo. Entiendo eso. No tengo nada que decir salvo que..., considerando que se acercan los treinta años de Metallica, en dos años serán treinta años... Pienso que hacemos lo mejor que podemos, siempre. Y no hay nada más que puedas hacer que eso. Estoy muy orgulloso de nuestras estadísticas. Si consideramos lo que hemos atravesado, dónde estamos, yo me perdí sólo un show, James se perdió... cinco shows. Nosotros salimos ahí afuera [señala el estadio de Sacramento, donde se sentará a la batería en minutos] y lo hacemos. En 2003, simplemente no sucedió, no pudo pasar. No era físicamente posible, no fuimos capaces de cumplir con nuestras obligaciones. Fue la única vez en estos casi treinta años que cancelamos un tramo completo de una gira. La única. No sé que hubiera pasado con el resto de ese año si hubiésemos hecho aquellos shows. Pero sé que las cosas no estaban bien y, simplemente, fue un mal momento, física y mentalmente. Por eso me disculparé eternamente, pero al mismo tiempo, estamos orgullosos de nuestro promedio de asistencia. Es, seguramente, uno de los mejores de este negocio. Pero, bueno, no nos gusta defraudar a nadie, nunca. A veces, simplemente sucede. Lo bueno de Metallica es que siempre volvemos. Somos como el conejo de Energizer, vamos a volver por otros cien años, tal vez doscientos, de hecho. Siempre vamos a volver, siempre. La cosa es que, obviamente, hay tantos lugares para tocar en este mundo que a veces no es tan fácil. Se hace lo mejor que se puede. Y entendés que, cuando sos tan afortunado como para provocar reacciones tan apasionadas en la gente, con eso viene... Con gente tan apasionada y emocional, también tenés que escuchar las cosas malas. Eso viene cuando uno provoca tanta emoción y pasión. Nosotros lo entendemos. Y como te dije, siempre nos disculparemos por lo que pasó en 2003 y ojalá nunca vuelva a suceder.

¿Cuándo fue que se dieron cuenta de que el monstruo Metallica no era invencible?

Buena pregunta. Eh... [piensa]. Buena pregunta [sonríe]. La mayor señal de alarma probablemente haya sido alrededor de la época en que Jason [Newsted, ex bajista] se fue. Noviembre o diciembre de 2000, enero de 2001. No podíamos entender por qué alguien se querría ir de Metallica. Cuando nos sentamos a hablar con él y a hablar entre nosotros, tratando de entender por qué eso estaba sucediendo, nos dimos cuenta de que teníamos muchos problemas en la banda. Pero, por supuesto, mirando hacia atrás, por alguna razón, cuando uno dice "invencible"... El accidente de micro en 1986, cuando Cliff [Burton, bajista original] murió, eso nos muestra cierta revelación al respecto. Pienso que uno, cuando es joven, no es capaz de entender la vida, la muerte, la invencibilidad. Cuando tenés 22 años, pensás que vas a vivir para siempre. Creo que tenés que ser más maduro, haber tenido ciertas experiencias en tu vida para estar listo y comprender. Obviamente, cuando tenés hijos, dejás de priorizarte vos y priorizás a otros. Entonces, supongo que nos dimos cuenta en algún momento de los últimos diez años. Supongo que el punto de partida fue cuando Jason dejó la banda. Eso desencadenó una serie de cuestiones que viste en la película, las cosas de Some Kind of Monster.

Es curioso: en un momento de esa película, después de ir a ver a Jason Newsted en vivo con Echobrain, su nueva banda, vos decís algo como: "Mierda, Echobrain es el futuro, Metallica es el pasado". Nunca entendí por qué dijiste semejante cosa. Digo, ¿dónde está Echobrain ahora?

[Risas.] No puedo creer la mayor parte de las cosas que he dicho. Creeme. Algo que siempre hago es tratar de decir mi verdad en el momento que sea. Eso me trajo muchos problemas a lo largo de los años, porque he dicho las cosas más estúpidas. Supongo que Echobrain está en algún lugar de la mente de Jason. No lo sé. [Risas.] Y yo estoy acá, hablando con vos, a punto de realizar nuestra gira más grande por América latina. Qué sé yo, digo algo y a los cinco minutos me pregunto por qué dije eso.

Acaban de ingresar en el Hall of Fame y ahora que son un clásico, pensaba en Brian Johnson de AC/DC sintiéndose al borde del retiro, Tony Iommi de Black Sabbath operado de la mano, Ronnie Dio con cáncer, Whitesnake y Aerosmith cancelando giras por problemas de salud, los Rolling Stones en eterna situación de última gira... Dentro de muy poco, van a ser la última banda de rock de estadios, la única.

Da un poco de miedo. Pienso que eso dice mucho más del resto que de Metallica. Ciertamente, no se hace nada fácil cuando envejecés. Obviamente, hay grandes cambios en tu estilo de vida, en la imagen, en los hábitos, en lo que hacés para tratar de ser lo mejor posible. No sé, tengo 45 años, algunos de estos tipos son bastante más viejos que nosotros. No sé cuánto nos queda a nosotros. Porque los hombros, las espaldas, los cuellos, las piernas... Espero que bandas como AC/DC tengan algunos años más por delante para inspirar al resto de nosotros. Y ciertamente, U2 no corre peligro de no seguir tocando en estadios en un futuro cercano. Ellos también siguen inspirándome. También sé que nosotros, comparados con otras bandas... No quiero dar nombres, pero algunos tocan en un nivel alto y está bien, y pueden permitirse tocar en un nivel más bajo y seguir estando bien, y pueden bajar otro poco a medida que envejecen y seguir estando bien, pero lo que no sé con respecto a Metallica es que... Ahora estamos en un nivel muy alto, pero si bajamos un veinte por ciento, no sé si seguirá estando bien. ¿Se entiende? Mucho sobre Metallica tiene que ver con la energía, la dinámica, el poder, la aceleración y el esfuerzo que nos genera, el despliegue físico. Y no sé si no es mejor dejar de hacerlo que seguir haciéndolo a media máquina. No sé si tenemos la misma expectativa de vida que Charlie Watts... ¡Dios bendiga a Charlie Watts, que Dios lo bendiga! Cuando yo tenga 65 años, como tiene él, no sé si podré seguir haciendo esto. No sé si hacerlo al nivel de Charlie Watts será suficiente para Metallica. Tal vez sea mejor no hacerlo. Espero que sepamos darnos cuenta cuando suceda y no quedemos como unos completos idiotas.

Viendo el DVD en México, James Hetfield festeja la piratería mexicana. Vos siempre dijiste que lo de Napster te molestó porque te quitó el control artístico. ¿Cómo ven hoy la evolución de ese asunto?

Cuando uno madura, aprende a no involucrarse con todo. ¿Remeras piratas en México? ¿Qué le voy a hacer? ¿A quién mierda le importa, de todos modos? Si la gente quiere vender remeras pirateadas, lo va a hacer. No es necesario pelear esa batalla. No vale la pena involucrarse. La gente siempre piratea remeras. Está bien. No hace una diferencia en mi vida. No sé si se puede linkear directamente con lo de Napster, pero... No sé qué hubiera pasado si lo de Napster hubiese aparecido en 2009. Al menos para mí, lo de Napster es algo muy pequeño de lo que somos, de nuestro legado. Sé que para otra gente es algo grande, y está bien. Lo respeto. No puedo controlarlo. Para alguna gente, Napster y Metallica van de la mano; para mí, es algo mínimo que sucedió hace años. Fue un verano y cobró su propia vida.

AC/DC acaba de pasar por Buenos Aires y fue una fiesta. En 1982, AC/DC era peligroso, pero ahora es la fiesta del rock & roll. Con Metallica es diferente. ¿Todavía quieren salir a matar o sólo quieren divertir, divertirse?

No sé, es una buena pregunta. Hoy puedo darte una respuesta y mañana, otra. No sé, creo que es algo que tiene vida propia. A veces es un tipo de energía y otras veces es otro. La cosa con nosotros es... Soy tan fan de AC/DC como cualquiera o más, AC/DC ha tenido un impacto muy muy grande en mi vida, por como yo los veo; una de las cosas que uno ama de ellos es que sean tan predecibles, saber cómo va a ser. Pero con Metallica, no sé cómo va a ser mañana, no sé cómo va a ser en enero, cuando estemos en Argentina. Para mí, Metallica representa libertad, lo impredecible, todas estas cosas basadas en el impulso, en la energía del momento. Es algo que tiene vida propia. Es algo que va más allá de James, Kirk o yo. El integrante más importante de Metallica es lo que yo llamo el quinto miembro, nosotros cuatro, la suma de los cuatro. Y eso es a veces impredecible, porque no sé exactamente qué sucede. No sé si siempre tiene que ser peligroso. A veces, en el rock & roll, la palabra "peligro"... Es una gran palabra para el periodismo de rock y es una gran palabra como analogía del rock. No estoy seguro de que la ausencia de peligro opaque a Metallica, existen otras cualidades que son tan vitales como el peligro. ¿Qué significa "peligro"? ¿Jim Morrison, Axl Rose, Bon Scott, Ritchie Blackmore? ¿Qué significa? ¿No saber qué canción viene? A veces se vive un clima de fiesta muy inclusivo, a veces somos ellos y nosotros. Pero es una bestia viva que respira, Metallica. Me gusta pensar que todavía tiene cierta vitalidad. Vamos a estar en América latina, en Argentina... De hecho, estaba pensando en eso ayer, en ir un día y tocar en lugares chicos. Ya sabemos lo que es tocar en River. ¿Qué pasaría si fuéramos y tocáramos en lugares para dos mil personas? Eso podría ser realmente peligroso para todos.

Están tocando mucho material nuevo y mucho material muy viejo. Pareciera que saltean esa etapa, la del disco St. Anger y el DVD Some Kind of Monster; ¿no está representada en los shows?

Ah... [piensa]. Creo que eso está representado de maneras que no son obvias. Pienso que directamente no estaríamos acá si no fuera por toda esa etapa. Pienso también que aquello fue un escalón hacia donde estamos ahora. Phil Towle [el psicólogo que los trató y quedó registrado en la película] dijo, cuando estábamos haciendo el disco St. Anger, que todo el esfuerzo que pusimos en lo que estábamos haciendo en ese momento no se iba a notar en St. Anger sino en el álbum siguiente. Tenía razón. St. Anger fue un escalón. Creo que tiene algunas cualidades de un disco muy, muy, muy... agresivo. Pienso que eso es muy importante. Pero también, cuando lo escucho, cuando lo toco, suena muy forzado, muy... Fue armado en una computadora, y puedo escuchar eso. Cuando tocamos algunas de las canciones, simplemente no se sienten tan orgánicas. Hace un par de años, hicimos una versión acústica de "All Within My Hands" durante un concierto de Neil Young y sonó grandioso, funcionó perfecto en plan acústico. De Load y Reloadtocamos mucho en los 90 y en la gira de St. Anger. Nos hemos alejado un poco de aquello: tocamos nueve de las diez canciones de Death Magnetic. Creo que nunca presentamos un disco en gira tocando más de cinco o seis canciones de ese álbum. Tal vez cuatro. Entonces, tocar nueve canciones, todas menos "The Unforgiven III", que seguramente vamos a terminar haciendo en algún momento antes de terminar la gira... Va a ser la primera vez que toquemos un disco completo en un mismo tour.

James parece haber escrito sobre la muerte en Death Magnetic, pero es un tema siempre presente en Metallica, desde Kill 'Em All hasta hoy: siempre aparecen las palabras "muerte", "morir", "matar" en los temas de Metallica.

La muerte está con uno desde el principio, estés en una banda de rock & roll o no. La muerte es siempre parte de la vida. Es una cosa extraña, la muerte. Incluso para alguien a quien le gusta controlarlo todo: me han dicho que no se puede controlar la muerte. Me va a llegar, y todavía me cuesta creerlo. Pero sí, siempre ha sido fascinante. Creo que la diferencia entre hoy y hace veinte años es que ahora tenemos hijos y tomamos conciencia de nuestra propia vulnerabilidad, nuestra mortalidad. Se convierte en... No sé, supongo que cuando estás en tus 20, la muerte es algo poético, romántico. Tal vez de esa forma mantenés distancia con la muerte. Tal vez la alejás. Cuando entrás en los 40 y tenés hijos, el romance queda afuera. Y la gente empieza a morir. La gente empieza a morir en los 40, en los 50; no solamente por sobredosis, la gente empieza a morir por enfermedades, cáncer. Entonces, es una cosa diferente. La muerte ha sido una parte importante de Metallica, pero aun así es un área sobre la que no tengo todas las respuestas: realmente no sé por qué todas estas canciones hablan de la muerte.

Es curioso tu caso: ¿sentís que el fan de Metallica es injusto con vos? Sos el más atacado del grupo, muchas veces porque sos el más directo. ¿Crees que el fan te reconoce como el cerebro de la organización, el que toma las decisiones operativas?

Eso es parte de ser quienes somos. No podés controlar que lo que decís te vuelva bien... Obviamente, ahora con internet no es tan fácil de manejar porque la gente tiene una voz anónima. Antes, con las críticas, si tenías algo para decir y querías que yo lo escuchara, tenías que venir hasta mí y decirme lo que pensabas. Era directo y podíamos discutirlo. Ahora, con internet, la gente se esconde detrás del anonimato. Es difícil, porque tenés que acostumbrarte a prestarle atención o no. Tenés que hacer un esfuerzo por ignorar lo que dicen, o tenés que ser muy fuerte si querés saber lo que dicen y no permitir que te afecte. Si dicen que "Lars es un idiota", que "Metallica apesta" o que "James Hetfield está lleno de mierda", nunca lo van a hacer de frente. Esta es la gente que te palmea la espalda y te dice: "Hey, man, los amo, vivo por ustedes, son la banda de sonido de mi vida, me cambiaron la vida", y después va a su casa y escribe cualquier mierda sobre nosotros en alguna página web. Es 2009, así funciona el mundo en estos días. Está bien. No sé si no pensaría que Lars Ulrich o James Hetfield son unos forros si tuviera 14 años. Lo único que puedo hacer es elegir lo que es correcto para mí. De alguna forma, me rendí ante eso. Sé que James Hetfield es un tipo bastante bueno. Sé que Lars Ulrich es un tipo bastante bueno. Está bien. Más allá de lo que diga la gente, sé que Metallica es una banda muy buena, somos muy buenos en lo que hacemos, tenemos algunas canciones que son atemporales, hacemos algo que funciona para mucha gente. También sé que para algunos, lo que hacemos es absolutamente ridículo, y está bien. Pero ponemos sonrisas en las caras de un montón de personas. Y ciertamente ponemos una sonrisa en mi cara, la mayor parte del tiempo. Así que, está bien, hoy es otro gran día en el mundo de Metallica.

Por Gustavo Olmedo

Fuente: www.rollingstone.com.ar

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