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martes, 21 de abril de 2009


Se trata del primer estreno digital en el país. El documental registra la gira Somewhere Back in Time, que llevó a la banda británica a recorrer 70 mil kilómetros en 45 días, a bordo de un avión piloteado por el mismísimo cantante Bruce Dickinson.

El primer choque (¿o encuentro?) de civilizaciones se estrella ante los ojos no bien los músicos de Iron Maiden –esos entrañables adolescentes cincuentones– irrumpen con los acordes de “Aces High” frente a un desenfrenado auditorio de indios en Mumbay. Parece que la cabeza (la de todos) va a explotar de un momento a otro. Resulta a priori curioso que para promocionar el primer estreno digital en los cines argentinos se haya elegido la película Iron Maiden-Flight 666, de Sam Dunn y Scot McFadyen; digamos: el máximo grado de sofisticación tecnológica al servicio del epítome del salvajismo musical. Acaso no debería llamar la atención, más allá de que la HD sea una criatura del siglo XXI y las ideas del cantante Bruce Dickinson estén ancladas en la heroica Edad Media. Porque unos minutos bastan para comprobar que el nuevo paradigma digital bien puede valerse de un Iron Maiden para sacudir de entrada al espectador. Debe reconocerse que el “choque” (¿o encuentro?) es también personal y retroactivo. Mientras suena “The Trooper” en el Showcase de Belgrano, después de haber disfrutado de un desayuno en el hall, con café, jugo y medialunas, surge inmediatamente la imagen del Cotorras’s pub, aquel sótano de la avenida San Juan donde en los ’80 pasaban videos musicales. Allí, las huestes metaleras se refugiaban del riguroso ninguneo mainstream, pero debían afrontar otros peligros: que se cortara la luz, que el sonido se diluyera sin motivo aparente, que la resaca del compañero obligara a un rescate prematuro, que una razzia policial pusiera nuevamente a prueba el estoicismo heavy. Pero no: en 2009 el heavy metal viaja en avión privado con imagen y sonido de última generación. Habrá que subirse o reventar.

Flight 666 registra, en efecto, la gira mundial Somewhere Back in Time, un tour de force que la banda inglesa ideó para ratificar su poderío en el género. En el Boeing 757 “Ed Force One” piloteado por el propio Dickinson, la megaempresa familiar Iron Maiden recorrió 70 mil kilómetros en cinco continentes. Esta apuesta le permitió realizar 23 conciertos en 45 días. De Mumbay a Melbourne; de Tokio a Los Angeles, no hubo distancia que neutralizara la megalomanía rockera del grupo. Sólo una vieja banda de heavy metal podía cranear algo así.

Más allá de la autorreferencialidad militante, la película funciona como homenaje a la globalización del sentimiento heavy. Evidentemente, la pasión casi religiosa por Maiden no reconoce límites geográficos. Y uno que pensaba que la cultura del aguante era patrimonio argentino. En Bogotá, los fans acampan hasta 15 días, acosados por la policía montada, para obtener un buen lugar bien cerca del escenario. En San Pablo, un cura heterodoxo toma partido frente a las acusaciones de satanismo que siempre acompañaron a Maiden: se saca la remera y muestra su cuerpo todo tatuado con dibujos de Eddie (el monstruo-emblema de la doncella de hierro) y otras lindezas. Un rápido pantallazo por el tramo porteño de la gira (que pasó el año pasado por la cancha de Ferro) les da tiempo a los músicos para decir que los fans argentinos “están locos”. Por las dudas –reconocen– prefieren no salir del hotel.

Fiel al ideario metalero, Flight 666 es una película endogámica. Está plagada de códigos y guiños que sólo pueden ser captados por el iniciado. A diferencia de las tribus punks, que condenarían el más mínimo desliz burgués de los músicos –a quienes consideran sus “iguales” en la rebeldía contra el sistema–, los heavies celebran la desmesura millonaria de sus ídolos. Que no son sólo artistas sino, por sobre todas las cosas, “héroes musicales”. Así es como Dickinson, Steve Harris (el cerebro del grupo), Adrian Smith, Dave Murray, Janick Gers y Nicko McBrain (no paró de reírse en todo el documental) pueden dedicarse a jugar al tenis o al golf después de bajarse de su avión privado y seguir siendo “del palo”. Hay algo inasible, sólo detectable por los fans, que los conserva “auténticos” y les confiere cierta inmunidad proletaria. A una hipotética banda surgida en la esquina del barrio, repentinamente exitosa, no se lo permitirían.

Es probable que ese mismo carácter endogámico termine ahuyentando a los infieles. Si no se pertenece a la tribu, resulta complicado soportar dos horas de Iron Maiden, una cabalgata furiosa que incordia los oídos menos curtidos. Ahí no hay HD ni 5.1 que valgan. Pero cualquiera que haya estado alguna vez en aquellos antros rockeros (siempre que haya sobrevivido) convencido de que esas canciones, en medio de la resaca, constituían un provisorio antídoto contra el enemigo (que no estaba identificado con precisión, pero se encontraba afuera), sabrá apreciar este arrebato de gigantismo metalero, en pleno barrio de Belgrano.

* Flight 666 se proyectará hoy, el viernes y el sábado próximos a las 22.30 en Showcase Cinemas Córdoba, Norte, Belgrano y Rosario.

Por Fernando D´addario

Fuente: www.pagina12.com.ar

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