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sábado, 24 de octubre de 2009


A SEIS AÑOS DE LA SALIDA DE COLLIDEOSCOPE Y UN LUSTRO DESPUES DE SU ULTIMA GIRA POR ESTADOS UNIDOS, EL CUARTETO VOLVIO AL ESTUDIO Y EMERGIO CON UN DISCO TODOPODEROSO LLAMADO THE CHAIR IN THE DOORWAY. TOCA EN EL PEPSI.

La década del ‘80 se caía a pedazos y el mundo, tal como lo conocemos, atravesaba otra de sus crisis cíclicas. En Estados Unidos, Ronald Reagan terminaba su mandato con una infame política económica de libre mercado (lo seguiría su vicepresidente y secuaz republicano, el “Tata” Bush), Lou Reed concebía su maravilloso tributo a la Gran Manzana y MTV le mostraba al mundo cómo el rock y el pop podían consumirse visualmente y hacer de ello una industria.

En la Nueva York pre-Giuliani, un cuarteto de músicos afroamericanos que se curtía noche tras noche en el mítico CBGB estaba por dejar las paredes húmedas y el vaho a cerveza para convertirse en una de las respuestas musicales más rabiosas a las políticas de la Casa Blanca. Pero Living Colour no abrevaba del punk desprolijo y bardero; sus raíces estaban bien plantadas en la música negra: Hendrix, Motown, Prince y un nervio funk a mil revoluciones por minuto que tomaba elementos del hard salvaje de Led Zeppelin y lo sazonaba con el virtuosismo de un talentoso guitarrista experimental de jazz llamado Vernon Reid. Too much too soon.

“De alguna manera, nuestra música era una respuesta a lo que estaba pasando, más que nada a los tiempos que se venían con George Bush padre. Y coincidió con la salida de nuestro primer disco. En cierto sentido reaccionamos a los tiempos, a lo que pasaba en Norteamérica en aquellos años y a cómo Estados Unidos comenzaba a manejarse con su política. La Casa Blanca estaba prendida fuego y era muy difícil estar en la piel de alguien que no tenía dónde vivir. Esas canciones contaban lo que estaba pasando con Reagan y cómo se vivía en Estados Unidos y hablaban del mundo en general.”

Del otro lado de la línea, y en un hotel de San Pablo donde Living Colour se encuentra como parte de la gira su quinto disco The Chair in the Doorway, el cantante Corey Glover, lejos del clásico traje de buzo ajustado y los dreadlocks y con unos cuantos kilos de más, reflexiona entre bostezos sobre los duros días de las reaganomics: un cuadro de medidas antisociales que tenían su eje en la reducción del gasto público que tuvieron su registro pop cuando el grupo inglés Simply Red las inmortalizó en 1985 en la canción Money’s Too Tight to Mention.

Vivid, el debut de los morochos de Brooklyn, además de ser un compendio de funk, metal y free jazz en estado urgente, fue en parte una dura crítica al sistema yanqui con dardos certeros como Open Letter (To a Landlord), Which Way to America?, Desperate People o Cult of Personality.

Una manito de Mick Jagger y un mínimo sentido de proyección de los ejecutivos de Epic hicieron que rápidamente los Living Colour dejaran el CBGB y en menos de doce meses terminaran con heavy rotation en MTV, comiéndose las portadas de las revistas y acompañando a los Stones en el elefantiásico tour de presentación de Steel Wheels.

A seis años de la salida de Collideoscope y a cinco de su última gira por Estados Unidos, el cuarteto que completan Doug Wimbish en bajo y Will Calhoun en batería volvió al estudio, y emergió con un disco poderoso que recuerda por momentos a viejos trabajos como Stein y Time’s Up.

“Para nosotros, The Chair in the Doorway fue un desafío. Las canciones de Collideoscope nos sirvieron para darnos cuenta de que en el estudio tenemos todavía una relación genial. Para nosotros fue como terminar algo que habíamos empezado y que faltaba cerrar”, dice Glover. La pregunta, entonces, es: ¿por qué tardaron seis años para terminar un álbum? “Mucha gente cree que porque pasó tanto tiempo entre un disco y otro estábamos desaparecidos, pero no es así; estuvimos tocando por todo el mundo y nunca paramos.” Quienes vieron alguno de los tantos shows que el cuarteto brindó en la Argentina en los últimos tres años pueden acreditarlo. De hecho, además de presentarse el 7 de noviembre en el Pepsi Music, la banda lo hará en La Trastienda y en distintas ciudades del interior. “No sólo tocamos en todo el mundo sino que también grabamos en todos lados: Nueva York, Massachusetts, República Checa: fue un período largo que pensé que no iba a terminar más.”

–¿Cambió tu relación con la música en estos años?

–Mirá, las cosas han cambiado, nosotros hemos cambiado y ya no somos los mismos, eso es clarísimo, pero siempre hablamos sobre lo que nos estaba pasando alrededor, y eso sí que no ha cambiado. Siempre fui Corey, aunque hubo un tiempo en que me abusé de esa figura que me permitía decir “hey, ¿vos sabés quién soy yo?”, y las estupideces que trae la indulgencia. La música que hacés es un reflejo de lo que necesitás expresar, eso que está dentro tuyo y muestra lo que sentís al respecto en ese momento. Es real. Es lo que te pasa a vos. Eso lo vuelve interesante y lo hace muy personal.

–Muchas de las canciones de Living Colour son críticas al sistema de representación de Estados Unidos. ¿Esa idea continúa en este disco?

–Sí, totalmente, porque lo que está sucediendo está sucediendo ahora, está pasando. Cuando se hicieron las elecciones en mi país, nosotros estábamos de viaje por Europa y al regresar nos encontramos con otro clima, con un tiempo de esperanza, pero la gente tiene mucho miedo de lo que pueda pasar con la economía de Estados Unidos y cómo se proyectan los próximos años para ciertos sectores de América y el resto del mundo; el disco también habla de eso. Creo que nada es más importante que preocuparse por lo que la gente piensa en la calle, cuando va camino al trabajo, o yendo a estudiar, o a una disco. Los problemas van a existir así esté Obama en la Casa Blanca o Bush o John McCain, porque tener ideas radicales no es lo mismo que aplicar ideas radicales. Elegir a un presidente es sólo la mitad de la cuestión.

–¿El costo de vivir es hoy más alto?

–El costo es siempre alto. Hay gente que piensa que vamos a volver a un falso tiempo, cuando las cosas eran baratas y el costo de la vida era bajo. Hoy el costo de vivir en este mundo sigue siendo muy alto y también es alto el precio que se paga por vivir en él. Si lo pensás mirando hacia atrás, tal vez hoy todo esté un poco peor que antes, lo cual, según como quieras mirarlo, puede hacerte creer que antes todo era mejor, porque la exclusión se amplió con el paso de los años. El otro día llevé a mis hijos al médico porque están empezando la escuela y tuve que pagar precios ridículos por un examen de rutina. Sí, ya sé, son sólo palabras, hasta que tenés que ir a comprar algo a la tienda y ahí te chocás con el costo de vivir en este mundo.

En 2005, Living Colour se sumó a la fútil campaña para evitar el cierre del CBGB, el célebre antro neoyorquino regenteado por el simpático Hilly Kristal que vio nacer a artistas rupturistas en estado de ebullición como Ramones, Talking Heads, Misfits, Dead Boys, Blondie y Television. Su grano de arena no alcanzó y el local cerró sus puertas para siempre. “El fin del CBGB dejó un agujero en mi corazón, porque para mí aquélla era la real Meca de la música de Nueva York. Allí empezó todo y de allí vino todo. Hoy por hoy no existe un lugar así donde las bandas puedan ir y aprender a crear un nuevo sonido, a nutrirse de experiencias únicas. El sonido era una mierda y a veces tenías que acomodar tu forma de cantar, pero hacías lo que querías hacer. Que el club ya no exista es una vergüenza.”

Por Daniel Jimenez

* Living Colour se presentará en el Pepsi Music el 7 de noviembre junto a Divididos, La Vela Puerca y Los Ratones Paranoicos en el Club Ciudad de Buenos Aires.

Fuente: www.pagina12.com.ar

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